Me quedé con ganas

Tengo tantas ansias de ti

Cada vez que tengo que pasar la noche en el piso 5º que conoces, y llegan ciertas horas llenas nocturnidad y pasillos vacíos, ataca una angustia desconsoladora y sádica, que disfruta recreando cada escena en cada locación, y uno vuelve a tener deseos de que vuelvas a estar, de que yo esté cuando regreses. El reloj se convierte en una burla, más gracioso aún que el calendario y no hay más que minutos vacíos y desasosiego.

Te dirás que esto tiene tintes grises y deprimentes, pero es que hay días así.

Otros en cambio, saberte tan sólo en mi misma época me llena de una felicidad luminosa, de una alegría que es necesario disfrazar de euforia inmotivada. Pero es que existes y tu vida se cruzó con la mías. Algunos pueden incluso llegar a pensar que es más que suficiente.

En cualquier caso, mirando la ciudad desde donde antes me hubiera fumado un cigarro, a escasamente un metro de donde te hice el amor sobre el suelo me digo que

es mejor sumergirse en el hombre nocturno

y no ser más que sombras

no ser más que humo

no ser más que nada

dormir la noche

y vivir nosotros en la duda de despertar

para no retornar al día

para no retornar a nuestro yo

a nuestro  tú

a nuestro nosotros

es mejor la dicha de no saber

para no vivir

para no reconocer el dolor de tenerte-notenerte

porque es imposible tu boca sonriendo entre mis labios

porque duelo tu recuerdo

y me caigo dentro de las nubes nocturnas

relampagueantes

amenazadoras de tempestad

que nos revuelcan al placer

(esa palabra que es dolor y meta y lluvia sobre tu pelo)

saber que te alejas

y no poder hacer nada más

que reír

y ver tu distancia impotente del suicidio

querer morir para ser polvo

y nacer entre tus piernas

como aquella noche de sueños sudorosos

(pelo y suciedad de calles marchitas

sólo eso hay de aquí a mañana

ese mañana que no llegará nunca

por habérsenos perdido ayer

por habérsenos ido a algún lugar

que no atinamos a descubrir)

¡qué impúdica sonrisa imagino

cuando no veo tu rostro!

eres tan desconocida

que te creo almadía

y carta

y pistola

y no sé

si estarás ahí donde te veo

no sé

si todo es un juego de estas noches

a las que te invito a diluirte

para que desaparezcas conmigo

dentro de la luna muerta hace tiempo

por las flechas de los cazadores de la guerra florida

sé que cuando las estrellas

miren como nos largamos la ropa y la piel

no sabrán que puedas ser tú

la de tanta mirada panteraica y deseosa

moriremos dentro de nuestros propios cuerpos

y nubes atravesando nuestros sueños

y mi cuerpo lloviendo besos sobre tu cuerpo

y los goterones bajando por tu pelo

tu frente

tus ojos

tu nariz

tu boca

tu cuello

tus hombros

tus senos

tu vientre

tu sexo

tus muslos

tus pies desnudos

y en el charco de mis gotas-besos

te reflejarás con palidez de estrella

y allí te querré ver siempre

para no despertar

del placer de verte

sonriendo de placer


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